El Ñanduti

La mesa del humilde y del poderoso, un altar familiar, puños y cuellos de vestidos fastuosos y modestos, pañuelos, mantillas, colchas, toallas y almohadones; todo eso y más puede adornar y embellecer el ñandutí, magnífica joya de la artesanía paraguaya. La gracia y la delicadeza de su diseño ha inspirado conmovedoras historias de amor. Esta es una de ellas.

Ñandú Guazú, que significa araña grande, era el nombre de un joven guerrero guaraní que soñaba con conquistar a la bella y esquiva Samimbí. Deseaba obsequiarle algo jamás visto, algo que la deslumbrara profundamente e hiciera que la joven volviera su mirada y su corazón hacia él. Así andaba Ñandú Guazú, recorriendo selváticos paisajes, cuando elevó su mirada hacia el dios guaraní Tupá y descubrió azorado aquello que tanto ansiaba: en la copa de un frondoso árbol, bañado por plateados hilos de luna, pendía de las ramas un encaje de belleza sin igual.El valiente guerrero no lo pensó dos veces: trepó velozmente e intentó apoderarse de la tan preciosa joya, pero la fragilidad y la sutileza de la trama hicieron que Ñandú Guazú retuviera entre sus manos apenas una vistosa y desgarrada tela de araña.Desconsolado y sabiendo que ya nunca hallaría un obsequio más hermoso para su amada Samimbí, regresó a su casa. Allí su anciana madre, viéndole el corazón destrozado por la pena, pidió que la condujese al pie del árbol. Y cuál no sería la sorpresa de ambos al descubrir que en el mismo sitio se había formado un encaje idéntico al anterior.La viejecita estudió con gran atención las idas y venidas de la araña que hilaba pacientemente su primorosa trama. Luego, con sus agujas de tejer, comenzó a copiar los círculos y rectas que el insecto trazaba con admirable precisión. Usando las finas hebras de sus cabellos, la anciana logró reproducir fielmente el encaje: era el ñandutí o "canas de la araña".Así fue como Ñandú Guazú pudo regalarle a su amada una prenda digna de una reina.